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Contriciones

Hoy parecía un día como cualquier otro en las "vacaciones" del que esto escribe. (entrecomillo la palabra a propósito ya que el exceso de días libres, paradójicamente, comienza a convertirse en una carga a estas alturas para un estudiante de posgrado) Tomamos carretera rumbo a La Paz, nada nuevo bajo el ardiente sol. Recibo un Whatsapp de mi hermana acerca de la muerte de dos muchachos a punta de pistola en la gasolinera del pueblo, ¿crimen pasional, "otro más", el diablo andará suelto?

Como una serendipia, mi padre en ese momento hablaba de la falta de valores -lugar común tan llevado y traído- y de la "censura" de los narcocorridos y las narcoseries piloto, con el fin de una reforma justa y necesaria en el lenguaje del mexicano; raro que me dedique a escribir sobre mí, ahora que lo pienso. No voy a caer en el exceso retórico de lamentar tiempos mejores o en el eterno retorno de la queja sobre la ineficacia-e ineficiencia- de la clase política que nos mal gobierna. No es con este propósito que inicio hoy este blog. (je, el temor al bozal de lo políticamente aceptado: ¡cállate pinche chairo obradorista!)

Tampoco tengo la intención de "convencer" o "adoctrinar" a nadie, simplemente son contriciones, dudas que van sembrándose en el camino, de las que muerden y dejan huella; al tiempo que recorro con la mirada el puerto que según el slogan es de ilusión, he visto hoy ponerse el sol sobre el Mogote mientras el canal 8 nos vende la Riviera choyera del mejor futuro y los mercachifles del PAN tratan de vender el peligro "a lo maduro" en un lugar con 33 muertos en un fin de semana. Sobre esta y otras dudas, que van a ir saliendo, es que escribo.

Un post más desde las costas de la Península Barataria.
La Paz, 11 de julio de 2017.





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